Seldon Matrix

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abril 4, 2008 América Latina, economía, México, opinión, política

«No podemos permitir»…

Las palabras más trágicas en voz de un político: «no podemos permitir».

¿Quién le dió autoridad para permitir, o para reprimir? Esa es la pregunta que más le preocupa a alguien que defiende su libertad.

Claro, hay acotamientos a la libertad, pues bien lo dijo el filosofo que «la libertad de uno termina donde comienza la libertad de otro». Por ejemplo, si un ciudadano mata a alguien, está atentando contra la libertad de ese alguien de vivir, por lo que la libertad del ciudadano de matar se delimita. Ahí sí, el Estado no puede permitir que la libertad de nadie sea reprimida, y su poder sirve para ser una balanza justa de las libertades de todos.

Pero más allá de las garantías de libertad y seguridad, ¿quién le da al gobierno la autoridad de permitir o reprimir cualquier cosa? ¿En donde se escribe ese derecho? Fuera de los tratados legales, filosóficos o políticos de unos cuantos locos que atentan contra la naturaleza, en ningún lado está escrito (o probado) que el gobierno tenga el derecho de reprimir libertades ajenas. Peor aún, la ciencia y la experiencia prueban que cuando un gobierno reprime una libertad, una de dos cosas pasan, o la sociedad encuentra una forma de sacarle la vuelta a esa represión (ejemplo, los mercados negros), o la sociedad se paraliza y deja de crecer (ejemplo, la migración Mexicana que huye de un país de represiones).

Es por eso que encontramos evidencia de tiranía en el discurso de Chavez de hoy, al expropiar (privatizar a favor de él) la industria cementera venezolana. «No podemos permitir que las empresas cementeras exporten materias primas necesarias para hacer frente a una escasez de vivienda en todo el país».

Analicemos el argumento por pasos:

1) «No podemos permitir». ¿Con qué derecho reprimen la accion de las empresas cementeras? Pues, con el derecho de la ley «bolivariana», juzagada por liberales y amantes de la libertad en todo el mundo como una ley comunista, represiva y dictatorial. ¿Existe un derecho natural del gobierno a guiar la economía para el beneficio del rey o el gobernante? No. ¿Entonces, con qué derecho? Pues, con ninguno…

2) «Que las empresas cementeras exporten materias primas». ¿De quién son las materias primas? Lamentablemente, hemos crecido en un país donde la Constitución enaltece una mentirota igualmente represiva como las mentiras disque «bolivarianas» (Bolívar, como Juárez, era un liberal pro-libre comercio… los comunistas de hoy usan su popularidad para enaltecer las mismas ideas que ambos héroes repudiaban). Según nuestra constitución, los recursos naturales son de la nación. Aun si aceptamos esa mentira, ¿de quienes son los activos (maquinaria) que sirven para aprovechar los recursos? Pues, ¡de las empresas! ¿De quiénes son los materiales, los empaques, la transportación, las bodegas, y en general toda la infraestructura que sirve para transformar los recursos naturales de tierra a cemento útil? Pues, ¡de las empresas! Es decir, sí, la tierra es del Estado, pero todo lo que sirve para que la tierra se convierta en cemento es de la empresa, y por tanto, el resultado (el cemento) es de la empresa! Entonces, si el cemento es de las empresas cementeras, ¿no debe ser decisión suya, y no del gobierno, qué es lo que se haga con lo que es de ellos? ¡Por supuesto que sí! Solo una persona que está en contra de la libertad diría lo contrario.

3) «Para hacer frente a una escasez de vivienda en todo el país». ¿¡Hay escasez de vivienda, y las cementeras exportando!? ¿Cómo es esto posible? Generalmente, las empresas venderán su producto al mejor postor. Si les pagan más caro su producto en el extranjero, lo exportarán, y si les pagan más caro en Venezuela, pues lo venderán domesticamente. Generalmente, también cuando hay escasez, si la demanda permanece constante (o, como en el caso de Venezuela, aumenta), los precios suben. Esto significa que, si el mercado fuera libre, en Venezuela, los precios de las casas serían altos, lo cual también elevaría el precio del cemento nacional, y por tanto, crearía un incentivo para las cementeras a que no exportaran el cemento. A largo plazo, la demanda y la oferta se equilibrarían y el mercado quedaría ajustado. Pero resulta que en Venezuela el mercado no es libre. En Venezuela, el gobierno fija el precio de las casas, y por tanto, eso crea una presión para las empresas constructoras de conseguir cemento barato. Como el cemento se paga mejor en el extranjero, las empresas exportan. Esto resulta que, a largo y a corto plazo, los Venezolanos se quedan sin casas… ¡Ah!, dicen los comunistas, ¡pero si hubiera libre mercado las casas serían muy caras y los pobres no las podrían comprar! Tal vez sea cierto, pero también es cierto que si el mercado fuera libre, la innovación y el emprendedurismo tendrían incentivos positivos, lo cual llevaría a los Venezolanos a crear empleos y crecer la economía, reduciendo el número de pobres y permitiendo a todos los Venezolanos comprar casas caras.

En conclusión, la expropiación de la industria cementera Venezolana es inmoral, represiva, impráctica e ineficiente. Mucho mejor sería reconocer la libertad de todos los participantes, lo cual llevaría, a la larga, al beneficio de todos. Las empresas harían mucho dinero, y los Venezolanos podrían comprar casas. Bueno, no todos saldrían ganando. Chavez, por ejemplo, ya no tendría atole que repartir con su asqueroso dedo comunista-represivo, por lo que ya no tendría excusa para ser dictador. Es decir, con la libertad ganarían los Venezolanos y perdería el dictador. Suena a una buena proposición, ¿no creen?

Entonces, si la libertad es mejor que la represión, ¿por que hay gente que sigue votando por políticos que prometen reprimirlos? ¿Por que hay gente que le gusta tomar atole del dedo asqueroso de los populistas? Hay misterios que ni la ciencia ni la economía pueden explicar…

1 to “«No podemos permitir»…”

  1. El Diablo Des. says...

    Nunca he creído que la democracia, como la tenemos, sea lo correcto. Es como si en un hogar de, digamos, cinco personas, votaran por ver quien es el líder. Los hijos pequeños ¿que derecho tienen de elegir? ¿Cómo van a saber que es lo que más les conviene? Usemos de ejemplo a México, que tiene más del 50% de su población en pobreza. Digamos que es exactamente 51% de la población la que esta en pobreza. Si la democracia es la mitad más uno, pues la población pobre elige al presidente. Como ya bien decía Cabral que los pendejos son tantos y al ser mayoría eligen hasta el presidente. El pobre no es en esencia pendejo, pero si es menos educado. Creo más fácil convencer a alguien menos educado de algo que a alguien educado. El gobierno que tenemos es el que merecemos, no creo que estemos haciendo nada para combatir la pobreza. Y si algo se hace, no es suficiente.

    Yo lo haría de la siguiente manera: Digamos que una ciudad esta dividida colonias. Estas colonias deberían elegir un representante. Estos representantes elegirían un presidente de la ciudad. Estas ciudades componen un estado y deberían votar por un gobernador del estado. Estos estado componen una entidad federativa y ellos deberían elegir al presidente de dicha entidad federativa.

    Así creo yo que me sentiría representado de mejor manera.

    Los países tienen sus presidentes y sus leyes. Si quien esté en ese cargo tiene las facultades de expropiar y decide que eso hará, pues no veo como este mal. Quien me parece mal en todo caso, es aquel que decide darle esas facultades.