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mayo 26, 2008 economía, México, opinión, política

Apertura Alimenticia

Ya se veía venir, durante muchos años. Ayer, por fin, el Presidente Calderón liberalizó la importación de cómida, y en específico, de granos al país, con el pretexto de «combatir» la crisis alimentaria mundial.

¿Qué sucede?

Pues, sucede que con los altos precios del petroleo, producir comida se vuelve más caro. Para empeorar las cosas, los altos precios del petroleo también vuelven atractivos a los biocombustibles, por lo que la demanda sube con una oferta constante, y eso sube los precios aún más.

No, no ha disminuido la oferta. Seguimos teniendo la misma capacidad de producción (mundial) de comida de siempre. Lo que pasa es que han subido los costos y ha subido la demanda. Por eso es que suben los precios.

Los perjudicados, por supuesto, son los más pobres que si antes no tenían para pagar una buena comida, ahora menos. ¿Cual es la solución?

A un problema de precios, la solución lógica siempre es aumentar la oferta y la competitividad. Usando esta lógica, el Présidente concluyó que la mejor forma de garantizar los precios bajos (o al menos, estables) de los alimentos, sería aumentando la importación y garantizando la oferta y la competitividad.

Lo malo de esto es que esta es una visión de corto plazo, pues mantiene el precio AHORA, pero no considera ninguna variable para el futuro.

Por que el problema de fondo es que el campo Mexicano está quebrado. Sin embargo, y contrario a las mentiras difundidas por el PRD, el campo no lo quebró el TLC. Lo quebraron la CNC y el PRI, instituciones que hoy son las primeras en impedir la modernización del campo. Esta es la razón por la cual seguimos siendo un país que depende de Estados Unidos para comer. Literalmente, casi todo lo que producimos lo exportamos, y las exportaciones nos sirven para comprar casi todo lo que consumimos, incluyendo la comida. Es por eso que nuestra balanza de pagos es negativa, y continua siendo negativa, una situación que es evidentemente insustentable.

La solución sería desarrollar un sistema agricola nacional tecnificado, industrializado y competitivo. Para esto es necesario invertir, liberalizar, y desarrollar, que son tres cosas a las que el PRI, el PRD y la CNC se oponen. Para estas instituciones, el campo no es un lugar donde empresarios agricolas (campesinos) producen comida para generar ganancias, sino un lugar donde se preservan tradiciones (incluyendo la tradición de la pobreza, la tradición del caciquismo, la tradición del feudalismo, y la tradición del esclavismo indigena). Al convertir al campo Mexicano en un museo agricola, se frena la producción alimentaria de nuestro país y nos condena a la dependencia y a la crisis económica recurrente. Urgen cambios en esta área, la más estratégica de un país.

Otro problema del campo Mexicano es que, aunque hay muchas áreas muy fértiles en nuestro país, muchas de esas áreas son también las que más crecimiento urbano están sufriendo. Lo peor, es que el 60% de nuestro país es desértico. Para verdaderamente explotar nuestra tierra hace falta tecnología e infraestructura hidraulica. Solo a través de la hidroponia y la aeroponia, la desalinización y los proyectos de acueductos nacionales podemos solucionar la crisis urbana y la desertificación que agudizan nuestro problema agricola.

México debe aprender de la experiencia de otros países con problemas similares. Un ejemplo de ello es Japón.

Durante las primeras decadas de la industrialización Japonesa, el Imperio del Sol siempre asumió que su alto nivel tecnológico y su industria productiva le permitirían importar cuanta comida le fuera necesaria. Sin embargo, una acción unilateral de los Estados Unidos para restringir sus exportaciones de granos en los 1970’s, puso en evidencia la falla en el supuesto económico de los Nippones. Es por eso que, a partir de entonces, Japón se dedicó a COMPRAR campos en todo el mundo. Ellos viven en una serie de islas en donde sería inconcebible producir toda la comida necesaria para alimentar a su población, por lo que la importación de alimentos es inevitable. Sin embargo, al hacerse dueños de los métodos de producción agricola en distintas partes del mundo, al menos disminuyen el riesgo del suministro.

Lo mismo debe pasar en México. Aunque se liberalice el comercio de alimentos internacionales en nuestro país, no hay garantía de que los exportadores algún día decidan dejar de exportar unilateralmente. México requiere de alternativas alimentarias, y las requiere urgentemente. Es hora de desarrollar el campo. Es hora de destruir las tradiciones campesinas, para construir una industria alimentaria que solucione los problemas de hambre de nuestro país. Ya lo pospusimos por mucho tiempo. Es hora de que pierda la CNC, pierda el PRD, pierda el PRI, y, por fin, ganemos nosotros.