Seldon Matrix

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septiembre 29, 2008 Bush, economía, Estados Unidos, McCain, opinión, política

700 000 000 000

Caen las bolsas del mundo por que el Congreso de Estados Unidos decidió que era mala idea darle setecientos mil millones de dólares a Wall Street para salvar su trasero, luego de año y medio de pérdidas ocasionadas por media decada de malas decisiones. La caída de 7% en el Dow, e indirectamente, de 6.4% en la Bolsa Mexicana de Valores, es el resultado directo de 8 años de políticas económicas fallidas, lideradas por George W. Bush.

Hay que ser precisos. El jueves, los democratas estaban dispuestos a aprobar el «rescate». Pero luego John McCain «suspendió su campaña» para hacer campaña politizando la economía y así huir del debate. Esto puso de malas a los democratas, quienes dijeron, «no le vamos a dar el triunfo a McCain, así que no aprobaremos nada con lo que él no este de acuerdo». Y así fue. El jueves por la noche se cayó el acuerdo y los Republicanos le dijeron a su candidato que mucho ayuda el que no estorba, y lo mandaron a perder el debate del Viernes por la noche contra Obama. El resultado político catastrófico de estos últimos 4 días motivó a los Republicanos a incluir en la propuesta enmiendas que los Democratas nunca aprobarían, incluyendo reducir, aún más, los impuestos de los ricos. Durante el fin de semana, el Internet estuvo lleno de mensajes de personas que llamaban a hacer un levantamiento armado en Washington si los Congresistas aprobaban tal rescate. Hasta el ex-pre-candidato Republicano, Ron Paul, dijo que la medida causaría «el fin del dólar y la economía mundial». Al final, 133 republicanos y 95 democratas votaron en contra: nadie quiso aprobar una medida tan impopular, y tenemos dos partidos políticos señalando el dedo al otro. No hay rescate.

¿Esto qué significa?

Primero, hay que explicar por qué el rescate era ¿necesario?, o tal vez, «urgente». Para eso hay que ir a la raíz de la crisis. Todo comienza con el mito del dinero fácil. En aquellos días de los inicios del gobierno de Bush, este convenció a la nación que un gobierno que no gobierna es lo mejor que le puede pasar a la economía. Entonces los bancos fueron a vender casas con créditos con tasas variables y terminos de 360 meses a todas las personas que pudieron encontrar, sin importar si tenían o no la posibilidad de pagar el crédito. Irresponsablemente, mucha gente accedió a comprar casas, y pronto la demanda sobrepasó la oferta: los precios de las casas comenzaron a subir. De repente, alguien se dió cuenta que si compraban casas baratas a crédito, y las revendían cuando hubieran subido de valor, ganarían dinero. Mucha gente comenzó a hacer esto y ganaron millones de dólares. Los bancos también ganaron. Los créditos los «empaquetaron» en bonos de deuda que vendieron a inversionistas que no entendían muy bien lo que estaban comprando. Hasta que llegó el día en que alguien se dió cuenta que las casas de 200 metros cuadrados en las afueras de Phoenix no valen $600 mil dólares, y que esa persona que lleva 3 años trabajando en Walgreens probablemente no puede pagarlos de todos modos. Muchos empezaron a dejar de comprar casas al mismo tiempo que muchos otros dejaron de pagar sus créditos. Al mismo tiempo que caía el valor de las propiedades, gente que iba al corriente en sus pagos vió su tasa de interés dispararse astronómicamente. No podían pagar, y al vender su casa, perdían dinero.

Pronto, los bancos empezaron a tener una cantidad importante de casas que no se podían pagar, y cartera irrecuperable. Al día de hoy, esa cantidad es tan grande que NO SE PUEDE MEDIR. De hecho, tan no se puede medir, que los 700 000 000 000 que la Reserva Federal planeaba usar para el «rescate», en palabras del Departamento del Tesoro, salió por que «solo querían un número muy grande», sin usar ningún método científico para calcularlo. Predeciblemente, los bancos se quedaron sin dinero y comenzaron a caer. Primero fueron las aseguradoras de hipotecas, como Fannie Mae, Freddie Mac, o AIG, y los Bancos de Inversión, como Lehman Brothers y Bear and Stearns. En menos de un mes, el de Septiembre de 2008, Estados Unidos se quedó sin Bancos de Inversión, lo que significó lo que el Wall Street Journal llamó «la muerte de Wall Street». Pero sin bancos de inversión, ahora siguen los bancos comerciales, que es donde gente como tu y como yo tiene su dinero. La semana pasada cayó Washinton Mutual (que fue comprada por JP Morgan Chase), y hoy fue Wachovia (comprada por Citibank). Los bancos que estan por quebrar incluyen JP Morgan Chase, Bank of America, Citibank (que en México es Banamex), HSBC, y muchos otros.

Pero lo más preocupante no es que los bancos se queden sin dinero. Sino que, como los bancos mismos saben que se van a quedar sin dinero, ya no están haciendo su trabajo de banco, aunque tengan el dinero. Uno de esos trabajos es prestarse entre sí. Por ejemplo, si Bank of America tiene en su corporativo cientos de miles de millones de dólares, entonces puede hacer negocio. Excepto que para un prestamo de 200 mil dolares en su sucursal en Peoria, Illinois, pues tal vez no tenga el dinero ahí mismo, por lo que pide un crédito inter-bancario a otro banco para financiar su operación de día a día. En la noche, los bancos calculan cuanto se prestaron entre sí, y saldan sus deudas. Esto se llama «overnight loans» (créditos de la noche a la mañana) y es común en el sistema bancario internacional. O, al menos lo era hasta Agosto de este año. A partir de Septiembre cada vez son menos los bancos que están dispuestos a participar en esto, por miedo a que esos créditos no sean pagados, o que el banco a quien le presten, al día siguiente quiebre. Como si cerraran la llave del agua, el dinero ha dejado de fluir. Tal vez existe en algun lado, pero ya no llega a quien lo necesita.

Esto significa que hay empresas que tienen dinero en el banco, pero no pueden sacarlo para pagar salarios, comprar accesorios de oficina, pagar a proveedores, o cobrar de sus clientes. Significa que ya nadie puede pedir prestado para comprar una casa, un carro, o usar su tarjeta de crédito. Afortunadamente, los casos en donde esto ocurre aún son aislados, pero no falta mucho para que el mal se convierta en sistémico. Y la raíz de todo se encuentra en que nadie sabe el tamaño de las perdidas, por que son tan grandes y complejas que son incalculables, y por lo mismo, nadie sabe a qué banco se le puede prestar y a cual no. Se ha congelado el dinero por que no hay información sobre el funcionamiento del mercado, y esto se debe a que el mercado se ha colapsado completamente. Recuerdo que, hace dos años, un profesor de finanzas dijo en clase que esto representaría «el fin de la era del dinero fácil». Resulta que las cosas estan tan mal, que se corre el riesgo de que esta crisis se vuelva «el fin de la era del dinero», punto.

El plan de la Tesorería de Estados Unidos y de la Reserva Federal era imprimir 700 000 000 000 billetes de dólar (bueno, tal vez no de forma tan literal, pero sí crear el dinero de la nada) para dárselo a los bancos para que cubran sus pérdidas incalculables, y regresar la confianza al sistema financiero y que el dinero siga fluyendo. Por supuesto que las consecuencias inflacionarias de dicha medida hubieran sido nefastas, pero no tan catastróficas como lo es la perspectiva del fin del dinero. En un mes, Estados Unidos ha pasado de ser el país dueño del mundo, a estar a un paso de tener una hiper-inflación de proporciones épicas, como en Zimbabwe. Para evitar esta debacle es que era urgente que el Congreso aprobara el rescate. Lamentablemente, el Congreso no se puso de acuerdo. Y tiene razón, ¿por qué salvar el trasero de inversionistas perezosos y bancos irresponsables? Deberían estar en la cárcel, junto con el Presidente cuyas políticas hicieron esto posible (George W. Bush). Lamentablemente, la economía necesita dinero para seguir funcionando, y sin el rescate, ese dinero ya no fluirá, y la economía se congelará, al menos por un tiempo. Aprobar el rescate era malo, pero no aprobarlo podría resultar mucho peor…