Seldon Matrix

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febrero 8, 2009 libertad de expresión, México, opinión, política

El país de al revés

México es el único país donde los abusos gubernamentales son culpa de los ciudadanos.

En 1968, cuando el gobierno asesinó estudiantes, el gobierno le echó la culpa a las víctimas.

En 2009, cuando el gobierno reprimió el derecho de las televisoras a la libertad de expresión, el gobierno le echa la culpa a las televisoras.

Solo en México se puede concebir que una violación a las garantías individuales sean culpa de agentes privados.

¿Qué fue lo que pasó?

En 2006 se llevaron a cabo las elecciones más libres de la historia de México. Tan libres que se pudieron formar partidos políticos nuevos, los candidatos pudieron anunciar sus virtudes, y los defectos de sus oponentes (aunque no todos aprovecharon esta libertad de forma efectiva, sí fue su derecho hacerlo), las ONGs y los sindicatos pudieron apoyar al candidato que mejor les favoreciere (mientras el sindicato del IMSS apoyó al PRD, el de maestros apoyó al PAN). El resultado de tanta libertad fue la elección más cerrada de la historia, la cual decepcionó a muchos, y llevó a circumstancias extraordinarias pero contempladas en las reglas del juego pre-aprobadas por los partidos: un IFE que no declaró un ganador hasta haber contado dos veces los votos, una autoridad electoral que mandó a recontar los votos una tercera vez, manifestaciones multitudinarias de la parte quejosa, y la confirmación legal y constitucional que el esfuerzo de millones de voluntarios a lo largo y ancho del país convirtió a esta elección en la más democrática y transpartente de la historia de México.

Esto enojó a los perdedores, y aunque varios analistas pidieron una reflexión para corregir lo que no se hizo bien, el candidato perdedor prefirió echarle la culpa a todos menos a su incompetencia. El ambiente político se volvió tan ríspido que los principales partidos se vieron obligados a cambiar las reglas del juego.

Ante la oportunidad de cambiar el rumbo de la democracia de nuestro país, los líderes políticos de México decidieron cancelar la libertad democrática con la que México contaba, para instituir una plutocracia partidista perfecta que gobernará a la nación en los próximos años. Se aprobaron leyes para reprimir la libertad de expresión, para hacer casi imposible el registro de nuevos partidos, para conseguir financiamiento popular y ciudadano, negandole así la posibilidad de financiamiento (y competencia) a alternativas no tradicionales. Se modificó la constitución para prohibir las candidaturas ciudadanas, para controlar lo que cada persona puede decir, o transmitir, en público, e imponer límites a la propaganda política, de tal forma que se mantenga al electorado ignorante de los temas más importantes de la vida nacional. La Reforma Electoral del 2007 mató así a la democracia Mexicana.

Obviamente, esto dejó fuera de la jugada política a muchos actores que antes habían estado dentro. El grupo más grande e importante de desposeídos son los ciudadanos populares. Sin embargo, los políticos fueron tan eficaces en manufacturar la mentira que esta represión significaba más democracia (cual newspeak Orwelliano), que la combinación con la tradicional indiferencia popular significó la obediencia ciudadana ante esta represión.

Pero, hubo otros grupos que también quedaron fuera: organizaciones con aspiraciones a convertirse en partidos políticos, sindicatos, empresas de comunicación masiva, y todo el aparato que permitía la anterior democracia y que, además de derechos políticos también perdieron fuentes de ingresos, tuvieron una fuerte motivación para atacar la plutocracia mexicana por la aprobación de la Reforma Electoral del 2007.

En aquel entonces, hablaron ante el Congreso, apelaron a la clase política, sacaron spots, e hicieron una serie de acciones que enojó aún más a los plutocratas, y estas organizaciones fueron sancionadas.

Desde la aprobación de la Reforma Electoral del 2007 a la fecha, se le ha negado el registro a dos partidos políticos nuevos, se le ha prohibido a al menos un partido político el buscar financiamiento ciudadano, se le ha castigado con multas a dos partidos políticos, incluyendo al que perdió en 2006 por acciones hechas posterior a la elección, y se ha multado a aparatos de difusión de la libertad de expresión por tener la osadía de ejercerla.

Obviamente, los grupos reprimidos ya conocen el apetito represivo de los plutocratas que nos han robado nuestro país. Tal vez motivados por el miedo, han decidido cumplir la ley al pie de la letra. La ley dice que las televisoras están obligadas a pasar propaganda de los plutocratas, en horario estelar, y así lo hicieron. Interrumpieron la programación de un partido de futbol en horario estelar (aunque, francamente, estaba aburridísimo) para transmitir propaganda (alguna de la cual, por cierto, violaba la misma ley que las televisoras cumplían puntualmente).

El acto represivo impuesto por los plutocratas en el Congreso causó el malestar de millones de televidentes, razón por la cual los plutocratas se pusieron nerviosos y decidieron tomar cartas en el asunto, culpando a las televisoras de cumplir la ley de una forma que los perjudicó. Anolistos de la UNAM incluso comentaron que las acciones de las televisoras fueron con alevosía, buscando apalancarse de la crisis económica para generar ingobernabilidad y hartazgo. El tamaño de la estupidez de esta declaración es impresionante, y verdaderamente me sorprende que nuestro país pueda contener tales idioteces sin sumergirse en el abismo.

Solución, el Congreso castigará a las televisoras por cumplir la ley que ellos mismos aprobaron, pero que pone de manifiesto lo represores que son. Les van a pedir a las televisoras que hagan lo que el gobierno les dice, pero sin que parezca que hacen lo que el gobierno les dice para mantener la ilusión de democracia.

Así es como, poco a poco, muere la democracia Mexicana. Yo creí que la muerte llegó con la Reforma Electoral del 2007, pero a los principales partidos aún les falta el tiro de gracia, y siguen disparando.

¿Por qué la ciudadanía los deja?