Seldon Matrix

Blog de opinión sobre política, religión, fútbol, y otras cosas

febrero 1, 2010 Ciencia, curiosidades, tecnología , , ,

¿En qué año estoy viviendo?

Tenía que ser en un día de ocio total para darme cuenta de estas cosas.

Estaba frente a mi televisor, recibiendo imagenes del espacio exterior (o más bien dicho, recibiendo video que proviene de un emisor a 3,364 kilometros de distancia, y que fueron repetidos por máquinas que operan en el espacio exterior, para que pudieran llegar hasta mi). Fue en ese momento cuando mi robot que hace el aseo chocó contra mi pie. Claro, inteligente que es, le dió la vuelta. Fue en ese momento que supe que debía moverme de ahí. El riesgo nunca fue que mi robot funcionara mal. El riesgo era que lo pisara.

En lo que terminaba de asear la sala, me senté frente a una máquina capaz de procesar cuatro mil millones de operaciones por segundo. Es casi dos mil veces más poderosa que la computadora que llevó a Neil Armstrong y Buzz Aldrin a la luna. Y aquí la estaba usando para ver una pelicula que acababa de copiar de una red donde se conectan decenas de millones de maquinas similares a ella.

Cuando terminé de ver la pelicula, leí que el Presidente de Estados Unidos acababa de cancelar el presupuesto para misiones espaciales a la Luna y a Marte, con la finalidad de usar ese dinero para promover el desarrollo privado del espacio. La noticia debía ser excelente para Virgin Galactic, quien planea comenzar a mandar turistas al espacio el año que viene en aviones espaciales, contrario a lo que se hace desde hace 10 años, que es envíar turistas espaciales en naves espaciales.

Cuando me aburrí de leer, tomé mi celular, un aparato capaz de recibir y hacer llamadas telefónicas en cualquier parte, sin necesidad de ningun tipo de cableado, y que además es 325 veces más poderoso que la computadora que llevó a Neil Armstrong y Buzz Aldrin a la luna, y me puse a ver algunas fotos que había tomado. Con solo tocar la pantalla y hacer algunos gestos con mis dedos sobre el aparato, este interactúo conmigo, modificando fotos, enviandolas a otras maquinas y otros telefonos, e incluso, imprimendo una que otra. Todo esto, desde la comodidad de mi hogar.

Cuando mi robot terminó de aspirar, solito se fue a meter a su casa/conector, donde comenzó a recargarse de energía. Con el piso libre, regrese al televisor. Solo que, esta vez, decidí jugar un videojuego. Pensaba, «así no es como jugaban mis padres. Ellos salían a caminar y correr por los parques, y yo, estoy frente a un monitor con la resolución de una pantalla de cine y bocinas de 5.1 canales, dispuesto a interactuar con una maquina que, tan inteligente que es, me va a retar.» Decidí que el mejor reto debía ser beisbol. La forma en como funciona el aparato, es que tiene un sensor en el centro del monitor, de tal forma que siente cuando muevo el mecanismo de interacción. En la pantalla se despliega una persona tirandome una pelota, y yo debo mover mis manos como si fuera un bat, y simular que estoy corriendo para ganar. El aparato me ganó 5-4.

¡No puede ser que una computadora sea más hábil que yo! Debo de ponerme en forma.

Fue en ese momento cuando me puse a pensar: recibo video del espacio, tengo un robot que me hace el aseo, tengo varias computadoras en mi casa, una laptop que es más poderosa que lo que cualquiera se podría imaginar apenas hace 10 años, un telefono con interacción táctil, y un videojuego que detecta mis movimientos para jugar conmigo, y todas estas son más poderosas que la computadora que llevó al hombre a la luna. ¡Es más! Necesitaríamos casi tres mil de esas computadoras para igualar el poder de computo que tengo en mi casa. Eso sin contar que lo que llevo en el bolsillo sería comparable a más de 300 computadoras espaciales de hace 40 años, y que un chip del tamaño de mi uña (el cual uso para guardar fotos que despliega mi reloj despertador) tiene la capacidad de almacenar una cantidad de información equiparable al de todos los libros en todas las bibliotecas de nuestro país.

¡Sorprendente! Y a la vez, en este 2010, es todo tan mundano.

Vivimos en una época de robots, de comunicación remota, de computadoras super poderosas con interfaces táctiles, de movimiento, y de voz, con conectividad espacial, con políticas y negocios fuera de este mundo, comida que crece en máquinas, y de las cuales podemos modificar su genoma, de medicinas milagrosas que curan enfermedades que eran desconocidas hace 50 años. En el transcurso de la vida de mis padres hemos ido de la ignorancia, al descubrimiento de la enfermedad, a su cura, y a su desarrollo para hacer la cura económicamente accesible.

Cuando yo era niño pensaba en el futuro y me imaginaba algo muy similar a lo que estoy viviendo. Con la única diferencia, tal vez, de los autos voladores. No existen aún, pero sí existen autos que se manejan solos. ¿Qué más queremos?

El riesgo es que, con tanta maravilla que hemos creado, vayamos a perder nuestro espiritu innovador. Hace 20 años yo soñaba con estas cosas que hoy vivimos. ¿Con qué sueñan los niños que hoy tienen 8 años? Sin sueños, sin una visión, no puede haber un camino a construir, o un futuro que alcanzar. Lo triste es que ni el gobierno, ni la IP, (al menos en México) tienen un plan para promover, financiar, o inspirar un cambio tan radical como el que vivimos esots 20 años que han pasado. Mucho menos existe un plan para liderar tal cambio. ¿Como podemos ser un país de primer mundo sin esta visión?

Suena mi telefono, e interrumpo esta reflexión. Voy a hablar con mi familia a 700 kilometros de distancia. Será una videoconferencia, lo cual significa que ellos me podrán ver en una pantalla, y yo podré verlos en otra. Mi papá me va a contar lo dificil que es limpiar la alberca. Yo lo voy a tratar de convencer que, por fin, se compre un robot que la limpie por él. Pero él es anticuado, y cree que esos robots no sirven, o que no aplican bien los químicos. Me pregunto si, hace 150 años, cuando aún no sintetizabamos químicos para limpiar albercas (y mucho menos los distribuíamos en masa a precios económicamente accesibles), la gente se podría imaginar lo que hoy nos parece anticuado… Yo espero que, algún día, yo le pueda parecer anticuado a mis hijos. Por lo pronto, ¡qué bonito es el futuro en el que vivimos!

3 to “¿En qué año estoy viviendo?”

  1. Anónimo says...

    Tanta palabra nada más para decir que tienes un Roomba, un iPhone y un Wii

  2. Anónimo says...

    que wueba me das!

  3. Gloria says...

    Con un robot sirvienta y un robot sexual, no sería tan molesto vivir contigo después de todo.