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mayo 1, 2012 elecciones, opinión, política, PRI

El PRI y la Traición a la Patria

Últimamente, he estado repitiendo en Reddit mis “catchphrases” de “votar por el PRI es traición a la patria” y “no hay nada peor que el PRI”. Últimamente, me han pedido que explique el por qué de mis frases. Como buenas personas que nacieron hace 20 años (en 1992), y que no vivieron el error de diciembre o la docena trágica, me dicen “el PRI ha de ser malo, pero seguro no es tan malo como lo pintan”.

He explicado esto muchas veces. De hecho, esta es la que, en mi opinión, es mi mejor explicación. Sin embargo, entiendo que estamos en elecciones, por lo que lo volveré a explicar. El PRI es el peor partido político de México, cualquier candidato del PRI es el peor candidato posible, y votar por el PRI es traición a la patria.

No puedo explicar el por qué tengo esta opinión del PRI sin antes exponer mi conocimiento y perspectiva sobre el PRI. El PRI fue el principal arquitecto de la historia de México por más de 70 años, por lo que un análisis del PRI requiere repasar la historia. Esto a continuación,

Brevísima historia de México y el Origen del PRI

Hace más de 100 años, había en México un dictador que se llamaba Porfirio Díaz. Bien o mal, Don Porfirio mantenía al país en paz social y había crecimiento económico. Todos sabían quien iba a ganar, quien iba a perder, y todo funcionaba. Llegó un día en dónde los que siempre perdían se hartaron del órden de las cosas y empezaron a protestar, pero Don Porfirio los reprimió haciendo un uso excesivo de la violencia de Estado. La gran mayoría de los Mexicanos que seguían contentos con un país que nunca cambiaba ignoraron la represión.

Hasta que 10 años después, los ricos se dieron cuenta que Don Porfirio ya estaba muy viejo, y que necesitarían un sucesor. Así que apoyaron la idea de una “elección” en donde Don Porfirio y algún socio de él compitieran para que el dictador cediera el poder a otro. Ningún amigo de Don Porfirio estaba tan loco como para ir contra él, así que los ricos del país nominaron a la elección al único loco que se atrevió: un joven ricachón de Coahuila que parecía más monaguillo que político. Cuando el monaguillo empezó a tener el apoyo de los revoltosos y de los ricos que tenían miedo de quedarse sin dictador, Don Porfirio mandó encarcelar a su “opositor” y así nació la Revolución Mexicana. Don Porfirio entendió el mensaje y salió del país y lo que siguió fue la masacre más sangrienta y duradera de la historia de la humanidad (la Revolución Mexicana tuvo más muertos que el Holocausto).

Durante 20 años, el país se mataba a así mismo con excesiva violencia por que nadie quería ponerse de acuerdo ni quería ceder. México nunca ha sido un país que sepa negociar con el vecino, y los Mexicanos son el tipo de personas que prefieren ser Reyes absolutos de una casa pobre, en vez de participes corresponsables en una comunidad rica. La Revolución nunca fue un movimiento que pretendió cambiar el Gobierno. Sino una colección de movimientos que simultaneamente surgieron para combatirse el uno al otro, ante la ausencia de un gobierno opresor que los mantuviera en su lugar.

Así, los de la derecha asesinaban a los de la izquierda, mientras los de abajo combatían a los de arriba. Los hombres se robaban a las mujeres para violarselas, y estas en venganza, los asesinaban. Este fue el origen de una nación de huerfanos bastardos, y de hijos de la chingada, o lo que, poeticamente, los Mexicanos llamamos “hijos de la Revolución”.

Después de 20 años de sufrir un país que se mataba sin sentido, un grupo de “lideres” de la revolución, decidió juntarse y crear un sistema que diera estabilidad política al país. Esto significaba tratar de integrar a todos los movimientos en un solo gobierno, y a los que rechazaran participar bajo las reglas de negociación impuestas por el lider central, reprimirlos sin piedad.

Así nació el Partido Nacional Revolucionario (PNR). Plutarco Elías Calles y su íntimo amigo, Álvaro Obregón, ya habían logrado consolidar una buena parte del poder político en México. Sin embargo, aún carecían de lo mismo que Don Porfirio: un plan de sucesión funcional. Calles, quien sucedió a Obregón en la Presidencia, pretendio regresarsela a su antecesor en una elección dudosa. Sin embargo, este plan fue frustrado por un Cristero cuando logró asesinar al Presidente Electo y ex-Presidente, Álvaro Obregón.

Entonces, Calles decidió dar una solución más o menos estructurada al mismo problema que había tenido Díaz. Según Álvaro Obregón, “El único pecado de Porfirio Díaz fue envejecer”, pero todos los hombres envejecen algún día. Sin embargo, los partidos políticos no envejecen. Así, el Maximato fue esta respuesta y para institucionalizarlo, creó el PNR. El Maximato no fue más que una Presidencia simulada, en dónde Emilio Pórtes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodriguez simularon ser Presidentes de México mientras le rendían cuentas a Plutarco Elías Calles. Todo esto se hizo bajo el cobijo del PNR. Sin embargo, esta no era una solución real. Solo fue un acto de simulación. Peor aún, el asesinato de Obregón dejaba en evidencia que el sistema tendría un problema grave si pretendía dejar fuera a uno de los actores más importantes en la política Mexicana: la Iglesia Católica. Con el tiempo, el Sistema Político Mexicano solucionaría ambos problemas. Pero, por lo pronto, el PNR lo único que había logrado era restaurar a México a los tiempos del Porfiriato. Parece poco pero era un gran logro. El PNR lograría que perdurara el legado del autor de la frase “nadie aguanta un cañonazo de 50 mil pesos”.

Luego, en 1934, el PNR seleccionó a Lázaro Cárdenas para suceder a Abelardo Rodriguez en el puesto de Presidente Achichincle de Calles. Lázaro Cárdenas, todos sabemos, fue el artífice detrás de la Expropiación Petrolera, que culminó en la creación de PEMEX, y es además padre de Don Cuauhtémoc Cárdenas, fundador del PRD. Pero lo que pocos conocen de Lázaro Cárdenas es que este fue el genio que realmente revolucionó el Sistema Político Mexicano y lo hizo perdurar en la Estabilidad Política que los México necesitaba.

Para lograrlo, Lázaro Cárdenas mandó a Calles al exilio, y le cambió el nombre al PNR. Lo llamó “Partido de la Revolución Mexicana” (PRM). En realidad, el PRM era lo mismo que el PNR, pero con una gran diferencia: le daba al país un plan de sucesión Presidencial creíble. El Presiente duraría 6 años, al final del cual elegiría a un sucesor, y luego desaparecería de la política nacional. A cambio, el Partido organizaría al país no en organizaciones locales, sino en organizaciones de intereses nacionales: sindicatos campesinos, Ligas mineras, Comisiones de sindicatos, Cámaras Industriales, y hasta Gremios Empresariales. El objetivo era que todos los intereses poderosos del país pudieran buscar una voz dentro del PRM, y a través del PRM discutirlos de forma pacífica, y que la sintésis, que seguramente no complacería a todos, pero que sería mejor que nada, se convirtiera en la política oficial ejercida por el Presidente con toda la brutalidad de una dictadura. Y cuando al Presidente se le terminaran los 6 años, elegiría a alguien que siguiera haciendo lo mismo por 6 años más. Fue la perpetuación de la Revolución Mexicana, pero reemplazando las luchas con armas por las luchas con papeleo. Por eso fue necesario apaciguar al país con burocracia excesiva y tramitología. Estos Hijos de la Revolución le harían a nuestra patria lo que los Revolucionarios le hicieron a sus madres, pero lo harían en paz, con los papeles en órden y copias en triplicado.

Por supuesto, hubo grupos que no se conformaron con lo “poco” que el PRM les dió, y crearon otros partidos, entre ellos el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), que se fundó de entre los que no quedaron a gusto con lo “poco” que les ofreció el PARM, y el Partido Acción Nacional, que se fundó como una alianza entre los derrotados Cristeros y algunos intereses industriales, sobre todo del Norte y centro del país, que resintieron el sindicalismo de Cárdenas.

Para evitar que la “inconformidad” se convirtiera en otra Revolución, el sucesor de Cárdenas, Manuel Ávila Camacho, y su sucesor, Miguel Alemán Valdés, le cambiaron de nombre al partido al actual Partido Revolucionario Institucional (PRI). El PRI, además de incluir todas las inovaciones políticas del PNR y del PRM, también agregó una nueva: la de simular una pluralidad inexistente entre aquellos que habían decidido no participar en el PRI. El objetivo era que el PRI, al ser el simulador de la pluralidad, pudiera controlar los límites máximos y mínimos de variabilidad y riesgo político. En otras palabras, el PRI fue una aceptación que ningún país puede ser 100% estable por que siempre habrá fuerzas que lo quieran cambiar, y por lo tanto, debía haber, entonces un mecanismo de control y “apaciguamiento” pacífico de la variabilidad para evitar el cambio. Es decir, se permitiría la apariencia de cambio con el fin de evitar el cambio real. Esta fue la inovación del PRI.

Gracias a esto, el PRI perduró en el poder hasta el año 2000, 71 años después de su fundación. Su éxito político le ganó el apodo de “La Dictadura Perfecta”, y vaya que lo fue…

El Fracaso del PRI

Si el objetivo del PRI era simular el cambio para evitar un cambio verdadero, el PRI sigue siendo exitoso. Pero si el objetivo del PRI era, además, mantener la paz social, el fracaso del PRI comenzó en 1968 y duró 25 años.

Gustavo Díaz Ordaz fue un Presidente de México que sabía muy bien el enorme poder que el PRI le confería. Siendo que el PRI era la dictadura perfecta, Díaz Ordaz, entonces, era investido con poder absoluto (de es que, sabemos, corrompe absolutamente). El autor de la frase “el odio no ha nacido en mi”, entonces, no permitió que la calumnia le llegara por que encarceló al periodista que, por error, confundió su foto con la de un primate nacido en un zoológico en México (lo que en otro país se hubiera arreglado con una fe de erratas, Díaz Ordaz lo arregló con persecución). El mismo Presidente tampoco quiso que la infamia lo tocara, y por eso mandó asesinar a Estudiantes Universitarios que protestaban el gasto excesivo de los juegos olímpicos de la Ciudad de México de 1968, en el contexto de una recesión económica y una devaluación.

Este abuso de la violencia y el poder fue el inicio del fin para el PRI. A partir de ahí, los autores de “ni nos beneficia ni nos perjudica, sino todo lo contrario”, de “ni los veo ni los oigo”, “ya nos saquearon, nos nos volverán a saquear”, “no traigo cash”, y “el PRI es así por que así es México” fueron de un abuso a otro hasta que la sociedad se hartó.

Sorprendentemente, ni la masacre de estudiantes ni la persecución violenta de activistas políticos (que el Gobierno llamaba, cómicamente, me imagino, “guerrilleros” y “criminales”), pudo movilizar a la sociedad a una reforma del Estado. Tampoco lo hizo el terremoto de 1986. Sin embargo, estos eventos levantaron muchas conciencias. Pero, realmente, lo que provocó la caída del PRI fue la crisis económica. Y una no fue suficiente. Se necesitaron varias. De hecho, de 1970 a 1988 la economía Mexicana retrocedió en 1000%. Esto fue lo que el país necesitó para buscar un cambio.

En 1988, el país estaba saqueado, violentado, sacudido, y discapacitado en todos los sentidos. El PRI era inoperante por que carecía de los recursos económicos para operar un Gobierno funcional, y por que todos los que quiso apaciguar desde un poder central veian en su debilidad la oportunidad de tomar más poder del que hoy tenían. Cuando el PRI nos llevó al borde del abismo, el país se veía tentado a dar un paso hacia adelante. Fue el mismo PRI el que nos detuvo, y, en su lugar, instaló una cuerda floja sobre la cual el país podría avanzar.

El México de Hoy

En la elección de 1988, Manuel Bartlett (hoy candidato al Senado por el mismo Partido que hizo a AMLO candidato a Presidente), fue el encargado de fraguar el Fraude Electoral más trascendente de la historia moderna de México.

En 1988, una sociedad harta de 20 años de desgracia económica, represiones e inoperancia gubernamental, pedía un cambio trascendental en el Gobierno. Lamentablemente, el PRI se fundó para traerle estabilidad al país, como respuesta a la violencia de la Revolución Mexicana. La estabilidad, tarde o temprano, culmina en estancamiento. El estancamiento que comenzó en los 1960s la sociedad lo quiso reparar en 1988.

Las propuestas de cambio venían de 2 frentes. Por un lado, la Corriente Democrática de Cuauhtémoc Cárdenas (hoy PRD), representaba a la parte del país que protestaba contra la nueva tendencia del PRI de gobernar desde lo que ellos llamaron la “tecnocracia”, es decir, el conocimiento técnico de economía, ingenieria y leyes, que comenzó como un plan restaurador impulsado por el Gobierno de Miguel de la Madrid, y perfeccionado por su Secretario de Programación y Presupuesto (Hacienda) y eventual sucesor, Carlos Salinas de Gortari. Para Cárdenas, la solución de los problemas de México no saldrían de los libros ni del conocimiento extranjero (Salinas es Doctor en Economía y egresado de las mejores universidades de Estados Unidos), sino de la integración de la gente excluída, y eso es precisamente lo que el PRD quería lograr: un nuevo refinamiento al antiguo sistema del PRI que incluyera y expandiera a la clase media Mexicana, excluida desde los 1960s.

En cambio, el PAN buscaba algo diametralmente opuesto. Por supuesto que celebraban que los tecnocratas gobernaran al país, pero en la perspectiva del líder y candidato del PAN, Manuel Clouthier, el rol del Gobierno debía ser mínimo, y el poder debía ser concentrado, de forma tanto real como formal, en una sociedad civil que apenas iba naciendo en los 1980s, y que era inexistente en la mayor parte del país incluso entonces. Los empresarios, la clase media, y el gobierno debían buscar igualdad de voz y voto, llevar la discusión al espacio público como única forma de que toda la sociedad pudiera lograr acuerdos, permitir que la iniciativa privada resolviera los temas económicos, y limitar el rol del gobierno a la paz social que se lograría a través de la educación (que en el contexto del PAN, estaría incompleta sin la difusión de valores católicos), y una discusión democrática con aquellos que, con el progreso general del país, se fueran integrando a la clase media.

Lo que el PAN proponía, por supuesto, era imposible, y lo que el PRD proponía era impráctico. Pero ambas propuestas representaban los sueños de grandes sectores de la población Mexicana. Los más pobres querían que los integraran para que el Gobierno se encargara de sus necesidades básicas. La clase media y los empresarios querían libertad para acelerar su progreso. El sistema PRIísta les había negado a ambos estas aspiraciones, y ahora lo buscaban en las elecciones de 1988. Los resultados fueron sorprendentes. Por mayoría, Cuauhtémoc Cárdenas ganó la elección, seguido de cerca por Manuel Clouthier, y Carlos Salinas quedó en un lejano último lugar.

Pero Manuel Bartlett se encargó de arreglar eso, cuando procuró que se cayera “el sistema” encargado de contar las boletas electorales. Cuando el sistema “regresó”, la computadora mágicamente ya daba a Carlos Salinas de Gortari como el triunfador arrasante de la contienda. Cárdenas y Clouthier reconocieron la burla como lo que fue y organizaron protestas. Clouthier hasta creo un “Gabinete Alterno” que tuvo el fin de críticar el Gobierno de Salinas.

Pero Salinas fue y es un genio. Probablemente el Mexicano más brillante en gobernar México, mi mayor crítica contra él fue que su inteligencia la aprovechó para beneficiarse a él mismo, en vez de mejorar al país. Sin duda que salvó al país de una revolución, pero solo parchandólo y perpetuando la cultura de simulación que el PRI había favorecido por décadas. Lo que Salinas logró fue restaurar al PRI (lo cual, en sí mismo, parecía imposible), y no modernizar a México, lo cuál habría sido mejor.

Salinas, sabiendo que sería un Presidente débil si no obtenía el apoyo de sus opositores, buscó legitimidad en la negociación. Un buen inicio para un usurpador del poder, sin duda. Cárdenas, el verdadero ganador, se rehusó a negociar. Pero el PAN lo hizo abiertamente. La negociación entre el PAN y el Gobierno de Salinas transformó al PRI y al País. Se creó el IFE, se promocionó la apertura económica y comercial, culminando en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y se permitió la entrada de partidos opositores a los gobiernos locales, Estatales, y el Congreso de México.

Por supuesto que Salinas tuvo que dar muchas concesiones en estas negociaciones con la oposición (él llamó a esto las “concertacesiones”), y esto fue impopular con algunos sectores del PRI y con el PRD. Pero gracias a estos cambios, el PRI de Salinas salvó a México de tirarse al abismo. Sin embargo, en vez de crear puentes de sustentabilidad, el Gobierno de Salinas instaló una cuerda floja.

De lo que se trató fue de crear un sistema de alternancia política en dónde el PRI por fin integrara los intereses excluidos de los empresarios, los capitales extranjeros, y la Iglesia al sistema del PRI. Excepto que, para que la sociedad Mexicana y la comunidad internacional aceptara los cambios, este “upgrade” al sistema PRIísta no vino en la forma de crear nuevos gremios o afiliaciones al PRI. No hubo un Sindicato Único de Sacerdotes Católicos, ni una Cámara de Inversionistas Foraneos. Solo se liberalizó la economía, el mercado y el discurso, con la expectativa de que cuando los capitales extranjeros y los cléricos buscaran influir en la política, lo hicieran de forma institucional, en vez de en forma clandestina.

La forma institucional, por supuesto, sería a través de los Partidos Políticos, del Congreso, de las elecciones, y de los medios masivos de información. Lo que Salinas sabía, por ser economista, que sus antecesores y opositores desconocían, ignoraban, o no consideraron por conveniencia, era que es posible fragmentar el poder de tal forma que un grupo mantenga una hegemonía y los demás no tuvieran más opción que negociar entre ellos o con el de mayor poder. Así, el PRI permitió una simulación de libertades en dónde, sí, habría partidos de oposición, gobiernos de oposición, y libertades, pero todos dependerían de una alianza con el PRI para hacer algo que realmente trascendiera.

Por eso los plurinominales en el Congreso garantizan que, aunque el PRI pierda elecciones, mantenga una presencia desmedida. Aun cuando el PAN obtenga el 55% de los votos, su representación no rebasaría el 45%, lo cual lo obliga a buscar a otra fuerza (el PRI) para aprobar cualquier ley. Para que un partido pueda aprobar leyes sin alianzas requiere más del 80% de los votos en una elección parlamentaria, algo virtualmente imposible en un país tan plural como México. Igualmente, los acotamientos al poder del Presidente que se hicieron garantizaron que, hoy, el Presidente requiera de un permiso del Congreso para casi cualquier cosa. El Presidente, entonces, necesita negociar con el PRI. En los gobiernos locales, mientras el Presupuesto de los Estados y Municipios dependa de las partidas presupuestales que le asigna el Gobierno Federal, los Gobiernos de todos los partidos en todos los Estados y Municipios deberán negociar con la fracción parlamentaria del PRI para obtener los recursos que necesitan para operar.

Por eso el PRI ha permitido todas las Reformas que se han propuesto, menos las fracciones de la Reforma Fiscal que permitían a los Gobiernos locales cobrar sus propios impuestos, ni las fracciones de la Reforma del Estado que reducían los plurinominales. Si los gobiernos locales empiezan a financiarse solitos, se rompe la necesidad de negociar con el PRI, y si se reducen los plurinominales, se reduce también la fuerza necesaria de la oposición para gobernar sin el PRI.

El PRI, entonces, logró mantener el Poder absoluto de México, fragmentandolo. Como dijo Napoleón, “divide y vencerás”. Para entender mejor cómo es que el PRI mantiene el poder fragmentandolo, solo es necesario estudiar la Paradoja de Arrow, (http://tech.mit.edu/V123/N8/8voting.8n.html), sus implicaciones en el Teorema de Gibbard–Satterthwaite y aplicarla al Sistema Político Mexicano actual. Las consecuencias de estos dos principios matemáticos es que en cualquier sistema con más de dos opciones (como el Mexicano, donde al menos están las 3 opciones del PRI, el PAN y el PRD) son el reconocimiento de que siempre habrá o un dictador, o una parte excluida. El ejemplo es la elección del 2006, donde la parte excluida claramente fue el PRD, lo que derivó en una dictadura del PRI disfrazada de gobierno de PAN. ¿Por qué dictadura del PRI? Por que el Gobierno del PAN no tenía una mayoría legislativa suficiente, por lo que necesitaba un aliado. El PRD no podía ser aliado por que se sentía desafectado, así que el PRI pudo, libremente, sentar las condiciones que quiso para negociar. En efecto, el PRI pudó jugar con el PAN un juego del dictador que se vió reflejado en la forma en que el Gobierno de Calderón se condujo en los años de 2006 a 2012.

La Reforma Electoral de 2007 es la perpetuación de este equilibrio logrado por accidente en 2006, y como consecuencia a las concertaseciones de los 1990s entre el PRI y el PAN. La Reforma Electoral de 2007 prohibio la discusión abierta de los candidatos y partidos que pudiera concentrar en exceso el poder en un solo partido y romper con el tripartidismo. También hizo más dificil la creación de nuevos partidos para que solo los actuales puedan competir. Al garantizar que el financiamiento de los partidos fuera gubernamental, también perpetua la negociación entre los actores existentes y excluye a los nuevos. Por último, el mantenimiento de los plurinominales garantiza que, aun perdiendo, siempre habrá un grupo con el cual sea necesario negociar una alianza electoral para poder gobernar. La estructura electoral y corporatista PRIísta del Siglo XX nunca fue desmantelada, por lo que estas reglas garantizan que la mayor concentración de poder siempre sea del PRI. Aunque la oposición gane en espacios del poder como la Presidencia, las Gobernaturas, o escaños en el Congreso, el PRI siempre será el único actor con el suficiente poder para bloquear a los otros actores, por lo que el PRI es el único actor necesario para que los políticos puedan funcionar como gobierno. En efecto, el sistema político Mexicano permite Gobiernos del PRIAN, o del PRIRD, o incluso del PRI, pero nunca del PAN solo, o del PRD solo. El PRI siempre es actor en todos los gobiernos de oposición, por que las reglas no permiten la independiencia de los otros en el Gobierno.

El peligro, por supuesto, es que lo que los otros carecen (independencia para Gobernar), el PRI sí lo puede tener por que ellos sí pueden cumplir con los requisitos legales para romper con la co-dependencia. En otras palabras, el México en el que vivimos solo tiene 3 opciones: Un gobierno de Coalición entre el PAN y el PRI, Un Gobierno de coalición entre el PRD y el PRI, y un gobierno dictatorial del PRI. No hay más.

Cool Story, Bro. Pero, ¿Por qué el PRI es malo?

Es cierto que una dictadura no es mala en sí misma. Aunque la historia de México ha presenciado grandes masacres, represiones, crisis económicas y, ahora, un sistema plutocrático, todos estos sacrificios han sido menores comparados con la violencia incontrolable que sufrimos durante la Revolución Mexicana. El PRI fue artifice de esa estabilidad.

Pero la elección entre la violencia y la estabilidad es un falso dilema. No solo existen esas dos opciones. Hay una tercera opción: un país donde la sociedad construya un país mejor.

Cuando la decisión se explica en ese contexto (violencia, estabilidad, o mejora), creo que la mayoría de nosotros votaría por la mejora, en vez de las otras dos opciones. La violencia hoy es presentada en la criminalidad, y la estabilidad hoy la promociona el PRI. ¿Y la mejora? El PRD y el PAN son, en este sentido, más similares que contrarios (razón por la cual me decepciona que, en casi 25 años desde 1988, no se hayan podido unir efectivamente para derrotar al PRI), pues ambos partidos promueben el cambio para mejorar. Claro, ambos partidos tienen diferencias grandes en la perspectiva de lo que se requiere para mejorar, pero comparado con las opciones aún más fundamentales que representan la violencia, y la estabilidad, a mi me parece evidente que el PRD y el PAN son casi lo mismo ante ellas.

La violencia de la Revolución Mexicana, por supuesto, ya no existe. Hoy sufrimos de una nueva violencia: la de la criminalidad que nos acecha. El PRI promete controlarla. ¿Cómo? No lo dicen abiertamente, pero lo han dicho en secreto y en el pasado: negociarían con ellos. ¿Cómo saben que negociando serían exitosos? No seamos ilusos. Negociaron con ellos en el pasado. Así lo manifestaron Miguel de la Madrird, Socrates Rizzo y otros PRIístas. Y, conociendo la historia de México, en donde el PRI permitía todo siempre y cuando todos se cuadraran ante el PRI, es lógico pensar que estos PRIístas dijeron la verdad cuando lo manifestaron (aunque después se hayan desdicho). Incluso, hay reportes de Wikileaks que demuestran que políticos del PRI negocian, o son miembros, de grupos del narcotráfico. Ahí está el caso del ex-Gobernador de Nuevo León, Natividad Gonzalez, que, según el Gobierno de Estados Unidos (expuesto en cables de Wikileaks), negoció activamente con los Zetas. La revelación de esto no provocó el encarcelamiento del PRIísta. Provocó que el Presidente Calderón presionara al Gobierno de Estados Unidos a cambiar de Embajador. ¿Se necesita más evidencia de esta alianza entre el PRI y el PAN?

Si el PRI negoció con el narco en el pasado, ¿por qué no hacerlo ahora que son gobierno? ¿Por qué en Estados donde gobierna el PRI es mayor la violencia? Yo sospecho que tal vez sea para que el PRI pueda presentar de forma gráfica y clara la alternativa entre la estabilidad y la violencia. Si el electorado siente el peligro de la violencia, probablemente recurran al partido que ofrece estabilidad. Ese partido es, y siempre ha sido, el PRI.

Pero elegir la estabilidad sacrifica el cambio, incluyendo cualquier mejoría. Sabemos bien que el precio de la estabilidad es el estancamiento. Estabilidad significa que las cosas no cambien. Claro, no cambiarán para mal, pero tampoco cambiarán para bien. ¿Querémos sacrificar nuestro futuro para proteger nuestro presente? Conociendo a México, seguramente sí.

El años pasado, visité Estados Unidos acompañado de compañeros de trabajo. Yo he ido a Estados Unidos varias veces, pero ellos no habían ido. Todos comentaban que les sorprendía lo grandes que eran las casas, y que fueran de madera. “Son grandes, pero no duran. En cambio, en México, son pequeñas, pero de material”.

Ahí está la diferencia entre los dos países. Los Americanos no quieren casas que duren. Quieren casas grandes que puedan cambiar rápido, por que ellos cambiarán rápido, presumiblemente para bien. Los Mexicanos quieren casas que duren, aunque sean pequeñas. Pobres, pero mías. Por eso estamos como estamos, igual que siempre: a la vez peor que nunca y mejor que nunca.

Sí, es mejor que la violencia, pero es insuficiente. En primer lugar, el país le pertenece a sus ciudadanos, no a los políticos, y no al PRI. Presumir que cualquier grupo tiene derecho a decidir qué hacer con el patrimonio de todos es traición a la patria. Y como el PRI representa el sistema que perpetua esa concentración del poder, el PRI es traición a la patria. Puede haber corruptos en todos lados, y podrá haber gente que abuse de su poder en otros lados. Pero tal perpetuación de la dictadura es imperdonable. Esto debe terminar. Eso significa terminar con la estructura del PRI.

Pero, además, los ciudadanos deben poder gozar del derecho a vivir, a ser libres, y a procurar su felicidad. Un país en donde el Gobierno decide quién come y quién no, le niega el derecho a algunos a vivir. Un país en donde el Gobierno decide quién tiene y quién no es un país que niega a sus habitantes la libertad. Un país en donde el Gobierno decide quién gana y quién pierde, es un país que le niega a sus ciudadanos la procuración de su felicidad.

Esto, y no la pobreza, es la razón por la cual los Mexicanos emigran al extranjero. Los que no encuentran un lugar en México, se van. No nos queda opción.

El sistema PRIísta es un sistema excluyente. Corremos el riesgo de excluir a los Mexicanos más valiosos.

Y este es el verdadero peligro para México: un PRI que decida que el compadre es más capaz que el preparado, y nos condene a la pobreza, mientras el preparado encuentra lugar en el extranjero y crea riqueza allá y no aquí.

Ahí está la elección del 2012 ejemplificando mi punto. El PAN y el PRD promueven, de una forma más o menos débil y poco convincente, propuestas “diferentes” y de “cambio verdadero”, mientras México vive y teme a una inseguridad que nos ha tocado a todos. El candidato más exitoso no es el que habla de “cambio” o “diferencias”, sino el que habla de “cumplir”. Pero, ¿cumplir qué? Cumplir, obvio, con crear un Gobierno lo suficientemente fuerte para reprimir a los violentos. Pero ese Gobierno también será lo suficientemente fuerte para reprimirnos a nosotros. ¿Vale la pena?

Los políticos más reconocidos del Siglo XX son, tal vez, Franklin Roosevelt, Winston Churchill, John F. Kenneddy, Charles De Gaulle. Comparemos su visión con la de Peña Nieto:

Roosevelt: “Lo único que debemos temer, es el miedo mismo”

EPN: “Lo que más lástima a los Mexicanos es la violencia”

Churchill: “No tengo nada que ofrecer, más que sangre, sufrimiento, lágrimas y sudor”.

EPN: “Hay que encontrar una formula que de certidumbre a la población”.

Kenneddy: “No preguntes lo que tu país puede hacer por ti. Preguntate lo que tú puedes hacer por tu país”.

EPN: “(Mi gobierno) acabará con la pobreza alimentaria … crearemos infraestructura como el plan de agua Monterrey VI, y regresaremos la seguridad”.

De Gaulle: “El Futuro no le pertenece a los hombres”

EPN: “Sabes quién soy, y sabes que voy a cumplir”

El contraste es claro. Los verdaderos líderes democratas le exigen a sus ciudadanos y los inspiran a trabajar duro. El PRIísta, en su lugar, promete por que la sociedad espera que el Gobierno resuelva todo. Es la cultura que el PRI creó y fomentó durante el Siglo XX: el PRI da y quita, y la gente pide que les den. Un mejor país empieza por quitar al que tiene el poder de repartir, y le sigue por una sociedad capaz de negociar con su vecino. El gobierno es un mecanismo de negociación de la ciudadania, nunca una herramienta de reparto de los poderosos. El argumento del PRI es, “o me dejas repartir, o habrá violencia”. Mi respuesta es, “prefiero la violencia en un país libre, que la esclavitud”.

Por que las opciones no son solo “violencia” o “estabilidad”. También podemos elegir el sacrificio del cambio, y sus premios mayores.

Preferir la estabilidad y renunciar a la libertad traicionar nuestra humanidad. Si nuestra patria depende de nosotros, y nosotros renunciamos a nosotros mismos a cambio de migajas, hemos traicionado a nuestra patria. Pero este es el sistema que el PRI representa y prepetua. Por eso el PRI siempre será la peor opción, y votar por el PRI es traición a la patria. Hasta que haya un verdadero cambio en las reglas del juego, hasta que la libertad realmente impere en México, no podemos darnos el lujo de votar por el PRI.

Claro, las otras dos opciones tampoco garantizan la libertad. Pero al menos, no son un retroceso. No regresemos a la esclavitud solo por que el cambio es dificil. ¡Sigamos luchando!

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