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febrero 19, 2013 religion

Renuncia

La semana pasada el mundo se sorprendió con la noticia de la renuncia de Benedicto XVI al Pontíficado de la Iglesia Católica. La noticia además conmocionó a la comunidad Católica mundial, y provocó diversas reacciones y opiniones encontradas. Muchas de las opiniones, sobre todo de los jerarcas de la Iglesia, así como de muchos de sus seguidores, han sido de apoyo. Otros, han cuestionado los motivos de la renuncia del Papa. Finalmente, hay quienes critícan el hecho de la renuncia y creen que el Santo Padre se ha equivocado en esta decisión. Yo no había tenido oportunidad de publicar una opinión, por lo que lo haré a continuación.

¿Motivos Equivocados?

Mucho se ha dicho de los motivos de la renuncia del Papa. Unos dicen que lo hizo por su edad avanzada, por su delicada salud, que si esconde un cancer o un padecimiento de Alzheimer. Otros proponen que la renuncia se debe a las filtraciones de la política eclesial que se publicarán próximamente y generarán un escándalo, o a su inhabilidad de continuar como líder moral de una Institución Santa, manchada por los escándalos de abuso sexual a menores que atormentan a la Iglesia alrededor del planeta.

Cualquiera que sea el motivo, sin embargo, es evidente que es irrelevante. Recordemos que el Papa no es un político ni un sacerdote cualquiera. No es solo el líder moral, religioso, político y espiritual de una Institución formada por el Hombre, sino es el elegido por Dios para ser el puente comunicación entre el Cielo y la Humanidad. Es una institución formada por Humanos, sí, pero ordenada por Jesucristo mismo. No es posible simplemente renunciar a ser Papa. Sus antecesores sabían que cuando Dios estuviera listo para un nuevo Papa, simplemente llamaría al actual a su Reino. Por eso, para renunciar, era necesario tener un motivo sobresaliente que así lo justificara.

Después de todo, han sido muchos los antecesores de Benedicto XVI y se han enfrentado a cosas peores, incluyendo la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, enfermedades personales, escandalos, y hasta persecusión, y no por eso han renunciado. Ninguno de esos motivos fue causa de renuncia.

De hecho, si nos vamos a la historia, el último Papa en renunciar fue Gregorio XII, en 1415, hace casi 600 años, y su motivo fue el de re-unificar a la Iglesia. Antes de él, en 1294, Celestino V renunció por incompetencia; en la decada de los 1040s, Benedicto IX renunció por que lo sobornó su sucesor, Gregorio VI, quién a su vez renunció por revelarse los sobornos antes mencionados. La renuncia Papal más antigua registrada y comprobada como verídica fue en el año 964, cuando Benedicto V fue obligado a renunciar por el Emperador Otto el Grande del Sacro Imperio Romano.

Benedicto XVI sería el sexto Papa en renunciar, y el tercero en llevar el nombre de “Benedicto”.

Así, las razones por las cuales los Papas han renunciado son presiones políticas, escándalos, corrupción, incompetencia, y un cisma. Podemos preguntarnos, ¿alguna de estas razones está presente en el año 2013, que justifiquen la renuncia de Benedicto XVI?

La respuesta, por supuesto, es que no. Aunque el Papa sea ya un anciano, sigue escribiendo y dando misa y liderando a la Iglesia. No hay un cisma eclesial, y los escandalos de abuso sexual, aunque preocupantes, no son tan serios como los que, en su momento, motivaron la salida de otros Papas. Además, ningún gobierno ha presionado a la Iglesia a que el Papa renuncie, y sospecho que ningún Gobierno se atrevería (aunque el Gobierno de la República Popular de China, con sede en Beijing, sí ha obligado a Obispos Católicos a renunciar por motivos políticos, pero eso es muy diferente a presionar al Papa)…

Al contrario, con todo lo que la Iglesia enfrenta hoy en día, hoy más que nunca se requiere de un liderazgo sólido e inequivoco. ¿Por qué renunció, entonces Benedicto XVI? Si lo vemos solo con los ojos de la tradición y del status quo, no encontraremos motivos. Concluiríamos, entonces, que el Papa Benedicto XVI cometió un error de humano, y que pone en riesgo a la más Santa Institución.

Finalmente, su antecesor, Juan Pablo II, un Papa de mucho más carisma que el actual, y a quién hubiera sido más fácil perdonarle el romper con la tradición de no renunciar, a sus 85 años padecía de Parkinson y tenía muchas más dificultades para ejercer el puesto que Benedicto XVI, y aún así decidió mantenerse. Cuando Dios necesitara un nuevo Papa, lo llamaría. Y en el 2005, Juan Pablo II fue llamado por Dios, y Benedicto XVI fue electo para continuar con el liderazgo de la Iglesia. ¿Qué clase de respeto a la memoria de uno de los Papas más queridos en siglos es el revertir su decisión?

Podemos, con facilidad, argumentar que Benedicto XVI se equivoca al renunciar, y daña a la Iglesia, y sería dificil decir lo contrario.

¿Y la Infalibilidad del Papa?

Es un Dogma de la Iglesia Católica que el Papa es infalible. Si eres Católico, la infalibilidad del Papa no es una cuestión de opinión, sino un precepto de la fe. No es opcional creerlo. Es parte del catolicismo.

¿Qué significa la infalibilidad del Papa? Significa que, en virtud de la promesa que Jesús le hizo a San Pedro, todos los sucesores de San Pedro, es decir, todos los Papas, están excluídos de la posibilidad de errar o cometer errores en el ejercicio de su mandato como maestro y pastor del rebaño de Cristo.

¿Signficia eso que el Papa Alejandro VI, Rodrigo de Borgia, quién fue Papa de 1492 a 1503, era infalible cuando tuvo amantes, cuando tuvo hijos, cuando toleró los asesinatos de su hijo, cuando la forma en la que gobernó a Italia inspiró a Maquiavelo a escribir su “Principe”, o cuando participó en orgías en el Palacio Vaticano? ¡Por supuesto que no! Ninguna de esas cosas fueron hechas para liderar al rebaño de Cristo, o enseñar la fé católica. Es decir, el principio de Infalibilidad reconoce que el Papa, además de ser puente entre Dios y la humanidad, también es, en sí mismo, un ser humano con capacidad de equivocarse y cometer errores. Sin embargo, cuando se trata de enseñanzas de la Iglesia, el Papa no se equivoca. Nadie argumentaría que Alejandro VI quiso enseñar a los Católicos a ser depravados como él lo fue. Más bien, hay evidencia de que al final de su vida, se arrepintió de sus excesos. Es claro que estos fueron errores humanos. Su enseñanza pastoral, sin embargo, sí es infalible.

Algunos preguntarán, si el Papa renuncia, ¿deja de ser infalible? La mejor respuesta que he encontrado a eso es que el Papa es infalible hasta que deja de serlo. ¿Hasta que deja de ser Papa, o deja de ser infalible? La respuesta es “sí”.

Pero, por lo pronto, Benedicto XVI es Papa, pues aunque anunció su renuncia, aún sigue en funciones. Por lo tanto, aún es infalible. La pregunta ahora es, ¿su decisión de renunciar, fue parte de su liderazgo eclesial, o fue un error de humano? La pregunta es relevante por que, si su renuncia tuvo inspiración divina y es una enseñanza eclesial, entonces es infalible. No hay posibilidad de error humano y todos los argumentos anteriormente presentados hacia esa conclusión se pueden negar.

Asumamos que, efectivamente, la decisión de renunciar es producto de inspiración divina. ¿Por que Dios no simplemente llamó al Santo Padre a su Reino si estaba listo para un nuevo Papa? ¿Qué nos quería enseñar?

Vivimos en una era en la que la esperanza de vida es la más larga de la historia de la humanidad. El promedio de vida de un ser humano es de 70 años, y en algunos países, hay personas que viven hasta los 100 años. Nuestra sociedad no está preparada para este enfrentamiento generacional nunca antes visto. La gente en los países desarrollados continua trabajando hasta los 70 años o más, evitando el progreso económico de las generaciones más jovenes. Como consecuencia, en países como Estados Unidos, Inglaterra, España o Italia, los jovenes tienen tasas de desempleo que, en algunos casos, llegan a más del 50% de la población en esa edad. En Italia, por ejemplo, gente de 35 o 40 años sigue viviendo con sus padres y evitan el matrimonio por la falta de certeza económica que esta situación le provoca. En Japón, economistas ya proponen que las herencias sean pasadas directamente a los nietos, por miedo a que cuando los hijos tengan acceso a ellas, ya tengan 60 años y sean demasiado conservadores, provocando recesión económica.

Los hechos son innegables: los jovenes no encuentran trabajo, y por lo tanto no trabajan, y los adultos mayores continuan trabajando hasta edad avanzada, quitandole oportunidades a los jovenes. Sin embargo, también es cierto que la seguridad social en la generación pasada existió para los adultos hoy ya no es posible sustentarla. Los adultos mayores de hoy en día tienen la posibilidad de vivir en el retiro el doble del tiempo que la generación anterior, y si agregamos que la generación actual de jovenes tiene una población menor a la generación actual de adultos mayores, es claro que los jovenes necesitarían aportar el doble del porcentaje de sus ingresos que la generación anterior, para sustentar el mimso nivel de seguridad en el retiro para sus padres, que sus padres le dieron a los suyos… En otras palabras, los adultos mayores no renuncian por que temen no poder mantener su nivel de vida, y los jovenes, entonces, no encuentran empleo por que los adultos mayores no renuncian! En el pasado, este problema se resolvía con crecimiento económico, pero hoy vivimos en un mundo que crece 50% más lento que hace 40 años.

En el pasado teníamos sismas ideológicos o de fé, pero en este siglo el reto más grande es el sisma generacional que vivimos. No es un fenomeno exclusivo de un solo país, sino de todo el mundo. En Estados Unidos lo vemos con la elección de Obama (joven) sobre McCain (viejo), y el debate a la reforma al sistema de pensiones. En México lo vemos en la Reforma Fiscal que privilegie el empleo nuevo a costa de programas gubernamentales que privilegian a la generación existente. En Japón lo vemos en los debates de reconstrucción luego del terremoto y tsunami en 2011. En Europa lo vemos en la crisis de desempleo y el deseo de los mayores de evitar políticas que impulsen el crecimiento con tal de preservar sus ahorros a través de una baja inflación; el conflicto entre Alemania y los países más estables de Europa vs. Grecia, Italia, España y los países más necesitados de ayuda se reduce a eso mismos: los países que quieren crecer tienen grandes poblaciones de jovenes que buscan empleo, y los países estables tienen grandes poblaciones de Adultos Mayores que buscan preservar sus ahorros. El sisma generacional puede impedir la reconstrucción de Japón, provocar una nueva Guerra Civil en Estados Unidos, y destruir la Unión Europea, si creyeramos en la seriedad de la situación que los políticos pretenden darle al drama con el que se conducen hoy en día…

Y mientras no hay una solución clara al dilema generacional, entre una generación mayor que teme quedarse sin retiro y una generación joven que busca espacios para crecer, pero que no los encuentra por que están ocupados por la generación anterior, el mundo estará en Crisis. Y ante esta crisis, el Papa decide que su mejor acción de liderazgo es la de Renunciar.

¿Renuncia por que huye, o renuncia por que busca poner el ejemplo? La Iglesia Católica defiende fervientemente la decisión de S.S. Benedicto XVI. Es claro que, al menos algunos líderes eclesiales piensan que esta decisión es de enseñanza pastoral. Es decir, es una decisión infalible que nos quiere enseñar algo: a veces, es necesario renunciar. Después de todo, miremos a los lirios del campo y tengamos fé. Todo el pasaje de Mateo 6:25-34 es relevante a esta discusión. La Iglesia no necesita de un Papa que muera en su oficina. Necesita de un Papa que predique con el ejemplo y que siga la voluntad de Dios. Si Dios lo inspiró a renunciar, que renuncie. Es es la Voluntad de Dios. Aprendamos de su ejemplo.

Y no solo las empresas, los países, y las sociedades sufren de este sisma generacional: de un deseo de renovación ahogado por un miedo a perder el pasado. La misma Iglesia Católica sufre de este mismo mal. En la última semana la Iglesia ha estado en los medios por motivos de la Renuncia de Benedicto XVI, he visto lo leído que a la Iglesia se refieren como “decrépita”, “vieja”, “antigua”, “anticuada”, “gerontocracia”, e incluso un “club para sacerdotes ancianos”. Juan Pablo II demostró la importancia de los jovenes para la Iglesia, y hoy más que nunca se necestia de ese espíritu renovador que mantenga relevancia con los jovenes, quienes están abandonando la fé. Podemos condenar y criticar a los jovenes, pero eso no los va a traer de regreso. ¿Por qué no, mejor, cambiar para acercarlos a Dios? Esto es lo que debe hacer la Iglesia. Benedicto XVI no ha aceptado ningún motivo para renunciar fuera de su “edad avanzada”. Claramente su mensaje es “la Iglesia necesita un Papa más joven”. ¿Por qué? Por que las gerontocracias se mueren. La Iglesia de Jesúcristo lleva viva más de 2mil años. Necesita de juventud para seguri viviendo otros 2mil más, o el tiempo que Dios quiera.

Visto así, es clara la necesidad del mundo y de la Iglesia de un ejemplo de renovación, de un espacio en dónde la vejez le de espacio a la juventud. Dónde lo antiguo le abra paso a lo nuevo. Con su renuncia, Benedicto XVI le dará ese ejemplo al mundo. ¿Será que este acto de enseñanza es inspiración divina? Esto es lo que yo decido creer.

 

1 to “Renuncia”

  1. Marlú says...

    Si es cierto lo que piensas, ojalá que esta enseñanza sea algo más que UN solo acto; ojalá que venga acompañada de aclaraciones, propuestas, estímulos y cambio. Porque, aunque es cierto que las palabras mueven y que los hechos arrastran, hay ocasiones en que los hechos no son enseñanzas efectivas (especialmente cuando los hechos suceden en situaciones dudosas, se prestan a especulaciones y las intesiones nunca son aclaradas). Tristemente la decisión del Papa (suponiendo que sea bajo la intesión que propones) tiene el potencial de no ser nada más que UN acto de humildad/humanidad/buena Fe.

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