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mayo 26, 2007 México, opinión, política

«No nos vamos a dejar»

Esto lo dice Marcelo Ebrard, sobre el tema del aborto, frente a la demanda de inconstitucionalidad que la PGR presentó contra la ley local que despenaliza el aborto en el DF.

No soy un experto en leyes, pero tengo entendido que en México ningún ciudadano puede perseguir legalmente a otro. Esto significa que el ciudadano solo puede interponer una queja o demanda ante su gobierno, y el gobierno persigue a «la defensa» en nombre del ciudadano. Si esto es correcto, entonces la PGR esta simplemente haciendo caso a las demandas que la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y el  Colegio de Abogados Católicos han hecho ante el Gobierno Federal en los próximos meses.

La oposición dice que el Presidente Felipe Calderón «está detrás» de las acciones jurídicas, como si estas fueran un complot o como si el ejercicio de las facultades del poder por parte de aquél que fue electo democráticamente para ostentarlo fuera una maniobra cobarde. No es así. Si el Presidente Calderón instruyó a la PGR a actuar conforme a derecho para impugnar la ley pro-aborto en el DF, el Presidente no solo está ejerciendo su derecho, sino además su responsabilidad. El Presidente ejerce su responsabilidad por que esta fue la demanda de dos asociaciones independientes (la CNDH y el Colegio de Abogados Católicos), pero además, por que su mandato democrático esta fundamentado en la legitimidad que le da el voto que lo llevó a la Presidencia. Los que votamos por él sabíamos cual era su posición ante el tema y si votamos por él era por que apoyabamos su posición. En mi caso, no apoyo su posición con respecto al aborto, pero voté por él por qué pienso que hay asuntos más importantes para el país en estos momentos, y la postura del Presidente Calderón esos asuntos, como la economía, es completamente compatible con mi postura.

Así, la pregunta del aborto ha pasado del legislativo local del DF al Poder Judicial. Lamentable que forcemos a los jueces a contestar preguntas que ni los sabios más brillantes de la humanidad han podido contestar más allá de toda duda, como los son las preguntas sobre la naturaleza humana, y la cuestión de que si un no-nacido está vivo. A estas cuestiones no hay un consenso ni hay evidencia conclusiva a ninguna de las posturas. Lo más inteligente que pueden decir los magistrados es «no sé, y por que no sé, el ciudadano debe tener derecho a decidir por sí mismo».

Esto también debe significar que los médicos deben tener la libertad de decidir por sí mismos si practicar un aborto es o no moral para ellos. Por lo tanto, el resolutivo más inteligente que puede emitir el poder judicial es decir que el principio en sí de darle la libertad de abortar a la mujer es constitucional, pero es inconstitucional que el Gobierno del DF obligue a los contribuyentes a financiar la práctica si están en desacuerdo con la medida, y también es inconstitucional que el Gobierno del DF obligue a médicos a practicar el aborto si están en desacuerdo.

Sin embargo, sabemos que este tema no se puede resolver inteligentemente por que hay demasiadas emociones y demasiados intereses políticos detrás. Lo que es seguro es que, sea cual sea la resolución, tanto la derecha como la izquierda intentarán sacar el mayor provecho político de continuar con la controversia. En Estados Unidos, tradicionalmente desde 1994, los que repudian el aborto han sido los que han sacado mejores dividendos de la controversia. Si es así, la terquedad del PRD puede ser uno de los causales de que este partido pierda su complicada pluralidad en el Congreso de la Unión, dandole más poder a aquél que ellos consideran «espurio».

«No nos vamos a dejar», como lo dice Ebrard, es una de las consignas favoritas del PRD, pero como lo evidencia este tema del aborto, también es una de las consignas más inutiles. Detrás del «no nos vamos a dejar» se plasma una postura de delirio de persecución, de acusación, de indefensión, y de recelo incondicional. Significa que cualquiera que este en contra de quien levanta la consigna esta equivocado, es un opresor, y hay que «derrotarlo». Sin embargo, resulta que los que estamos en contra del PRD somos ciudadanos que queremos un México mejor y que no estamos convencidos de que las consignas y las palabras vayan a alimentar a la población, y tampoco estamos convencidos que la corrupción en el PRD sea un fenomeno contra el cual el PRD quiera combatir. En lugar de ver al electorado, o «las fuerzas de la derecha» como enemigo, el PRD haría bien en reconocer que también somos parte de México, y que tenemos tanto derecho como ellos en votar y en intentar resolver los problemas de México como mejor creamos que se pueden resolver. A partir de ahí, el «no nos vamos a dejar» se debe transformar en un «vamos a trabajar juntos». En su momento de máxima debilidad, Felipe Calderón le ofreció a Lopez Obrador un co-gobierno. «No nos vamos a dejar», contestó Lopez Obrador. Y con eso, el ex-candidato dejó que toda la plataforma de izquierda quedara fuera del nuevo gobierno. Calderón ya no está obligado a atender las demandas de aquellos que votaron por Lopez Obrador, por que Lopez Obrador decidió quedar fuera del gobierno. En cambio, Lopez Obrador pudo haber negociado con Calderón y sacar el máximo provecho de un gobierno de coalición. México habría sido el beneficado. Pero hay políticos que creen que solo ellos estan en lo correcto y que necesitan imponerse. México ya no está para imposiciones, y cada «no nos vamos a dejar» es una derrota para esos políticos, pero tambien para sus ideales y los que creen en ellos. México necesita una nueva izquierda dispuesta a negociar y a convivir.

Por lo pronto, los pleitos continuan. Al parecer, el PRD lleva las de perder.